miércoles, 13 de septiembre de 2017

Cataluña, nuestros problemáticos vecinos del 5º A

Yo lo veo así:

España es fruto de una herencia ancestral, un bien raíz de casi 506.000 Km2 (un fincón), que hemos recibido en modalidad de proindiviso.

Sobre el proindiviso se ha ido construyendo, con los siglos, una gran urbanización; urbanización que los propietarios, constituidos en comunidad de bienes, cooperativa, o la figura legal que más nos guste, han puesto en manos de gestores: de la Administración.

Pero la gestión de los bienes inmuebles y de los propietarios que las habitan, siempre construidos sobre nuestro fincón, se ha hecho tan compleja, que se ha tenido que subdividir. Digamos que tenemos presidentes en cada comunidad de propietarios y presidente de la mancomunidad.

Como en toda finca, parcela o pisito, sus propietarios tienen deberes y derechos; entre los deberes, pagar alícuotamente la prima de la comunidad para su correcto mantenimiento y funcionamiento (impuestos); entre los derechos, decidir de forma directa (votación) o mediante representantes acreditados (Cámara) sobre qué hacer con y en ella.

Hasta ahí, de primaria ¿no?

¿Qué ocurre si los vecinos del 5º A del portal 1 deciden montar una discoteca en su casa sin el permiso de la comunidad de vecinos? Pues que contraviene las normas de la comunidad y las de la mancomunidad, aprobadas por mayoría en sus respectivas juntas.

Pero, los vecinos del 5º A consideran que es su casa y que pueden hacer con ella lo que quieran, sin importarles lo que opinen los del B, los de arriba, los de abajo, la comunidad de propietarios o la mancomunidad; sin tener en cuenta que su piso, por bueno que sea, está sobre NUESTRO FINCÓN y que da igual que paguen mucho en su cuota, ya que ésta es sencillamente proporcional al uso que realizan de nuestro proindiviso.

Y ¿qué pasa si insisten en hacer lo que les da la gana? Pues que llamamos a la policía y los denunciamos con la esperanza de que la Ley y la justicia actúe, porque haber nacido en una casa no te otorga derecho de propiedad sobre la misma, ni sobre la parcela en la que está construida en detrimento de los demás.

Un problema en Cataluña, nuestro 5ºA

Tenemos un problema en Cataluña, desde luego: se han puesto en modo ocupa, en vez de concienciarse de la herencia recibida, del legado y de que es un proindiviso  y, como tales, tienen quien los comprende y apoya, ahí está Manuela Carmena, que a ella nadie la ha invitado a la disco, pero opina y participa con pleno derecho, porque también es propietaria del Fincón y le hemos dado representación (valga el pareado).

Pero resulta que TODOS tenemos derecho a proteger lo que es nuestro y a defender nuestros bienes. A VOTAR si hay que tomar una decisión sobre NUESTRO fincón o su integridad y a hacer las cosas de manera más lógica y justa (incluso si aceptamos que en el 5º A de la Torre 1 se convierta en disco y se celebren raves)

Lo que no se acepta de ninguna manera, es que, porque los del 5ºA quieran hacer una Rave (una parte de una parte, de un todo), de la noche al día decidan que no obedecen las normas de la mancomunidad, ni siquiera las de su comunidad de vecinos, que no respetan la opinión de los del 5ºB, ni los del cuarto... y que ellos tienen derecho a manipular una votación para decidir sobre nuestra herencia, nuestro proindiviso, nuestro fincón.

Yo igual votaría que monten la Rave, para que corran con la organización, la limpieza, asuman las quejas, admitan que el organizador de la fiesta les está sacando el dinero y chuleándoles las comisiones... pero exijo mi derecho a VOTAR y a decidir sobre MIS bienes, legalmente documentados y legítimamente considerados propiedad y bien común.

Efectivamente, es de primaria ¿no?



lunes, 13 de marzo de 2017

El día de la agresión; yo, una mujer

Hace cosa de año y medio me agredió, verbal y físicamente, un arribista profesional de poca catadura moral y baja calaña, a quien nadie considera amigo, pero muchos le bailan el agua... "entiéndelo, me puede venir bien". Me aburro de oír como unos y otros lo insultan cada día a sus espaldas, pero dicen que la prensa, aunque sea mala, es el cuarto poder y eso, a muchos les impresiona y les afecta.

Ocurrió en una popular calle del madrileño barrio de Salamanca; es cierto que no denuncié y esa obsesión me persigue. Tenía prisa, me sentí abrumada, no supe que hacer. Pero, si en torno a 800 mujeres han muerto en España desde que en el año 2004 se dictara la Ley de Violencia de Género. ¿Quién me dice a mí que mi silencio puede llevar a que un día otra agresión -o una muerte más- pese sobre mi conciencia? El personaje no tiene escrúpulos y sí mucha, pero que mucha tela.


Si alguien se pregunta por qué no lo hice y considera que por ello he perdido la razón, la respuesta es fácil de explicar y mucho más de comprender: tengo marido, hijos, hermanos y buenos amigos que podrían tener un problema grave en aras de protegerme y defenderme y, sólo por eso, a pesar de su insistencia y su rabia, he obviado el nombre… el suyo y el de los labriegos que iban con él y le aran cada día el camino a su paso. Es mucho mayor el amor por mi familia y mis allegados, que el dolor de un manotazo o un insulto en boca de quien pasa por poco más que un ignorante; muy listo, pero ignorante.

Entre sus gritos e improperios, me llamaba vieja (si no lo soy, doy gracias a Dios por estar en vías de serlo, ya que poco faltó para no llegar a escribir esto, luego nada puede ofenderme) y a la vez me acusaba de creída. Y eso sí que me hizo pensar, porque hace años que salí del colegio y no había vuelto a escuchar tal expresión entre la población adulta. Sin embargo, a lo largo de estos meses, me he preguntado de qué se puede 'creer' una mujer -recordemos casi anciana- frente a un hombre que hace unos pocos años superó la treintena y, con artes más delictivas que honestas, tiene sus cuentas llenas. 

Ya sé, ya sé. Hay que decir a qué se debió la agresión porque una fémina, sea quien sea, tiene que demostrar que no se mereció el golpe para gozar de credibilidad: pues se debió a que días antes,en las horas muertas de un viaje, uno de sus empleados me discutió sobre el pago del impuestos y cómo su jefe le había explicado que él estaba excusado (lo único que tenía que hacer era no declarar ningún ingreso para que no lo pillaran) y yo le respondí que en este país, a quien más y a quien menos, la Ley nos obliga; otra cosa es a quién escuchemos. Por si aún tenía dudas, le recomendé que consultara a los abogados de la Asociación de la Prensa. Todo un inconveniente, al parecer, para el insigne empresario.

Nunca creí en la lucha de sexos, pero hay hombres a los que su madre no les dio suficiente zapatilla. Quizá yo tampoco a mis hijos y espero no tener que lamentarlo. Pero ante la tesitura de denunciar o no hacerlo, aunque aún estoy a tiempo y hace pocos días el personaje sumó razones, ¿qué voy a sacar en claro además de mucho mareo? Bueno sí, algo saqué: una lección práctica del manual de la amistad y el manido apoyo a la mujer que yo tanto he denostado: ¡Cuanta triste mediocridad! ¡Cuánta falsa femineidad! ¡Cuánto lazo de postureo! 

Hace unos días, arrestaron a un periodista por acosar a su ex pareja, la televisiva Mari Pau Domínguez. Lo primero que oí tras la noticia fue: "a saber qué le habrá hecho para que éste se ponga así" Y entonces me decidí, tenía que escribir porque a veces, es necesario desahogarse.


martes, 9 de febrero de 2016

Pilar Bernat documental.



Cuando alguien considera que eres objeto de un reportaje, creo que es porque te haces mayor.
Muy bonito, Sergio, Gracias

sábado, 13 de diciembre de 2014

Fabiola, la majestuosa discreción de una Reina

Fue en el año 93 cuando a raíz de la muerte de su sobrino, Lorenzo de Mora y Narvaez, coincidí por primera vez con la reina Fabiola de Bélgica. Familia muy numerosa y de muchos y buenos amigos, la iglesia de la Orden Secular Padres de Schonstatt de la calle Serrano estaba abarrotada y yo, con un embarazo ya avanzado pero no notorio, escuchaba misa de pie en medio de un pasillo.
Algo cansada, miré a mi alrededor buscando inútilmente algún lugar donde apoyarme y me di cuenta de que a mi lado, en un banco cualquiera, había una religiosa y un puesto más allá (tuve que mirar indiscretamente dos veces, para dar crédito) la Reina de los Belgas.

Cuando su hermano, el Marqués de Casa Riera, padre del difunto, se dio cuenta de que ella estaba en medio de casi una multitud, la llamó al primer banco, pero ella se mostraba renuente a ir. Finalizada la misa, me senté, por fin un rato, en una mezcla de desahogo espiritual y descanso físico y entonces vi a unos hombres que miraban por todos los rincones de la capilla con inquietud. Comprendí la situación, en segundos. A un lado del altar había una escondida escalera que conducía a la habitación superior donde estaba el féretro y Fabiola había subido por ella a velar a su sobrino, sin avisar a los, hasta ese momento, invisibles escoltas.

Tras indicarles el camino que había seguido la soberana y observar con una sonrisa su tranquilidad, reflexioné sobre el poco boato que había exigido para sí misma la Reina. Ni una silla en el altar, ni un lugar destacado, ni escoltas en el oficio... nada. La corona en la puerta y la pena en las oraciones de una tía,  una más de la inmensa familia 'Mora'.
Al día siguiente, llegué a la redacción y escribí una breve reseña que titulé 'La majestuosa discreción de una reina'.

No fue esta la única que vez que la vi. Coincidí con ella en dos o tres ocasiones más, siempre en su entorno familiar, siempre en hospitales o entierros. En cada una de las ocasiones hubiera regresado a mi ordenador y habría reiterado mis palabras. Lo que  hoy hago, después de su muerte y funeral; y de nuevo digo: lo que siempre me impactó fue su discreción; la majestuosa discreción de una Reina



jueves, 2 de enero de 2014

Princesas con crinolina

Algún amigo me ha preguntado si las cosas que cuento en este blog son realidad o producto de mi fantasía y, si lo pienso, no es de extrañar que puestas sobre el papel y vistas con la pátina del tiempo, haya escenas que más parecen sacadas de un guión de cine, no sé si comedia, drama o thriller, que de una vida normal.


Y es que, sin ir más lejos, pensaba hace poco, con motivo del 50 aniversario, cómo si yo era poco más que una bebita recuerdo el asesinato de Kennedy y la conmoción que produjo en el mundo y mi única conclusión es que, por mi condición de hija pequeña, mucho más pequeña, debía estar siempre rodeada de mayores… políticos, intelectuales, periodistas, filósofos… idealistas… cosas de mi padre.


Y claro, en mi memoria infantil, yo vivo rodeada de princesas en una especie de vida ‘sureña’ donde los miriñaques dan paso a las crinolinas y los ‘slacks’, los recogidos a los cardados, los valses al twist y lo más importante: los pololos a los ligueros!!!


Y en esa vida mis princesas tienen nombre (un poco rimbombantes como no podía ser de otra forma) y apodos familiares: Pechocha, Mariju y Ketty: mis hermanas. Guapas, estilosas, elegantes, cariñosas, siempre cuidándome… las recuerdo estudiando, bailando, nadando, montando a caballo, pero sobre todo, arreglándose para las fiestas y abrochándose eso que definitivamente, para mí, debía ser el símbolo de la madurez... sí, sí, el liguero. Tal debía ser mi obsesión que una de ellas mandó hacer uno para mí y me lo ponían con algo parecido a medias/leotardo. Ellas me enseñaron a vestirme, a arreglarme, a peinarme y a maquillarme, aunque, pasado el tiempo, no sé si sus esfuerzos tuvieron mucho éxito. Y ellas, ellas dejaron de ser princesas para ser lo que son: tres reinas.


Como no podía ser de otra forma, mis princesas tenían novio, o tal vez novios, pero ¿quién se acuerda? Sólo sé que entre ellos estaban los tres que luego fueron mis cuñados: Ray, Alfonso y Octavio ¡Pobres! Ellos también me cuidaban y supongo que considerarían una pesadez llevar siempre a cuestas una enana flacucha de orejas grandes y boca enorme con ojos curiosos y muy charlatana que les cantaría, eso sí, en inglés, las canciones que aprendía en el Saint Patrick´s School y los aturdiría con mis ‘elegantes’ pasos de ballet al ritmo de Tchaikovsky. Eso, si no aludimos a las clases de piano que todas dábamos, de las que sólo recuerdo el nombre de mis primeras notas -domitila, rené, micaela- y de las que creo que sólo sacó jugo quien nunca recibió enseñanza: mi hermano Oscar; porque lo que es a mí, me sirvieron para poco más que aprobar flauta y tocar el Tamborilero con mi padre en Navidad mientras el redoblaba un tamborcillo. Pero quien sabe, ¡igual por aquello me gustan los nocturnos de Chopin!


Mis preciosas hermanas… Si mi madre estaba en el club jugando al golf, en clase de yoga, en el costurero, en un té, una recepción o jugando a la canasta, allí siempre estaban ellas. Me llevaban y me traían, me recogían y me paseaban. Aprendí lo que me gustaba la leche en polvo, me subí a una trilladora, observaba mientras hacían maquetas, bailaba con sus futuros suegros  la raspa, disfrutaba con sus pequeños cuñados u observaba a ‘los tíos’ jugar largas partidas de Parqués (parchís) . Si en una finca ordeñaban, en una planta pasteurizaban y si no, un loro cantaba: palo,palo palo, palito palo, palo eh!!! Pero aunque a ellos dedique otro capítulo, justo es decir que quienes me enseñaron a montar a caballo, a disfrutar del ajedrez o al backgamon, quienes jugaban conmigo al escondite y prácticaban Kárate, quienes me llevaron por primera vez a esquiar o me sacaban a bailar fueron mis hermanos, los chicos. Ventajas de ser la pequeña entre tantos, cada uno puso en mí un pequeño grano. Lo de cortarme el pelo a lo ‘garçon’ como Mary Quant o Twiggi, con cinco años, mejor lo olvidamos!!!!


La gente se sorprende de que estudiáramos inglés, de que las mayores fueran a la universidad a los Estados Unidos, de que aprender a conducir fuera obligado -aunque a algún novio le costara algún disgusto-, que tuviéramos que bailar, hacer deporte y comportarse con corrección, además de aprender a saludar a excelentísimos, ilustrísimos, monseñores y altezas.


No cantábamos, menos mal, porque si no me imagino en la peor de las pesadillas como los hijos de Von Trapp, cuando nos obligaban a salir a saludar en fiestas y recepciones, de día, de tarde o de noche, al son de la única letra que me sabía completa: “Do a deer a female deer, Re a drop of golden sun, Mi a name I call my self…” Y sí, también me la sé en español, pero eso fue muchos años después.


Dos años después y aún me haces falta

Cuando era pequeña, e incluso mayor, solía leer un libro de poesías que mi padre publicó de joven y que se titula 'Mi alma es así'. En él, dedicaba un texto a su madre o, mejor dicho, al riguroso luto que, entonces, se guardaba por los seres queridos...

"...Y dice la sociedad
que el luto dura dos años
dos años dura no más
mi traje negro de paño
de paño negro mamá...!

Y me impresionaba pensar cómo alguien puede estar DOS AÑOS, vistiendo dolor por un familiar.

Pues bien, papá, esta madrugada hará 730 días desde que faltas y no perdono el tiempo, ni consigo comprensión para una tristeza que lejos de disminuir aumenta. Es verdad que raro es el día que no pienso en ti y me sorprendo con los ojos en lágrimas; pero, si te soy sincera, si te recuerdo postrado en un sillón, sumido en ¿el dolor? ¿la incapacidad? ¿la tristeza? Prefiero saberte a mi lado, de nuevo vivo y activo; protegiéndome, cuidando a mamá, a mis hermanos, a mis hijos... ayudándome en el trabajo, a recuperar la salud o a superar los malos tragos.

martes, 6 de noviembre de 2012

Tres almas bajo una avalancha

Para mí eran solamente tres caras. Tres rostros entre un montón que suelen reunirse alrededor de salida del metro Alameda de Osuna y de entre los cuales, cuando paso, suele emerger uno conocido, muy conocido, que me dice: "qué pasa madre" mientras se acerca con cariño a darme un beso.

El otro día pasé por allí; no estaba mi hijo porque está en Inglaterra, pero no era su ausencia la que me inquietaba sino la de tres personitas; tres niñas grandes a quienes decenas de muchachos lloraban en silencio porque alguien, 'alguienes', quisieron ganar más dinero del necesario; porque alguien, 'alguienes', no vigilaron que se cumplieran las normas; porque alguien, 'alguienes', los empujó hacia un fatídico destino cuando sólo querían escuchar música, cuando con la intención de disfrutar de un concierto con tranquilidad buscaban espacio vital en un segundo piso.

jueves, 5 de julio de 2012

Un marco dorado para mis días de tele

Aún estaba estudiando el doctorado cuando mi hermano Oscar me comentó que en Televisión Española hacía falta una Historiadora del Arte y yo, me presenté; poco tenía que perder.
Al día siguiente a mi entrevista me encontré editando en Prado del Rey un programa religioso que dirigía el padre Martín Patino, realizaba Fernando de Anguita y producía José Luís Portela. Los momentos allí vividos fueron inolvidables como primera experiencia laboral, como aprendizaje, como trabajo en equipo, como días felices. Muy felices.

Pero tras una conversación con Alfonso Cortes Cabanillas (cariño 1), recibí una inesperada llamada de alguien que se identificó como José Fernández Sabio en la que me decía que me iba a incorporar a Deportes, al famosísimo programa de los domingos, Estudio Estadio y yo, incrédula, no acerté a preguntar si aquello era una broma; una broma que duró siete años...

De mis tiempos de deportes hay mucho que contar: de lo mejor a lo peor, de lo más excitante a lo más triste, de lo más distinguido a lo más tirado, de los grandes ganadores o los aplastantes perdedores, de los famosos, de los aspirantes, de los prevaricadores, de los luchadores, de los trepas, de los 'mataos', de los acosadores, de los 'gigolos', de los sindicalistas, de los profesionales, de los compañeros, de los INOLVIDABLES.

Y, aunque poco a poco relate historias, aventuras, perplejidades, risas y lloros; enaltezca a los grandes o desvele a los golfantes (en las tres acepciones que la RAE otorga al término golfo), hoy mis dedos sólo se mueven bajo las órdenes del recuerdo de los mejores: de quienes laboralmente nacimos, crecimos, maduramos y casi morimos juntos en aquel intento.

Podría escribir sobre el grupo de los contratados por Real Decreto menores de 26 años, de los infalibles del mus, de los Tres Mosqueteros o de los Simpson.

domingo, 17 de junio de 2012

Sí papá, sigo viva y cantando: yo soy español...

Una noche soñé que un caballo negro corría desbocado por la finca de 'Los Principes', aquella que teníamos en las afueras de Bogotá y en la que un valle de margaritas blancas caía sobre el azul de una maravillosa laguna. Quién entendía de sueños me dijo que era un mal presagio, que se acercaban malos tiempos.
Poco después soñé que unos terroristas entraban en mi casa, eran dos y querían matarme. No recuerdo el final, sólo la angustia. A los pocos días me diagnosticaron el primero de mis dos cánceres; el segundo llegó tres meses después.
Finalmente, soñé con dibujos animados y una muñeca loca que corría por mi casa; de repente se convertía en un torbellino y, aprovechando que se escondía en la taza del baño, yo tiraba de la cadena y la eliminaba. Me desperté y pensé que yo podía con la enfermedad, que tenía que luchar y procurar no agobiar a los míos ni perder la sonrisa. Y en ello estamos; tirando continuamente de la cadena, por si acaso.
Tras el diagnóstico médico, pensé utilizar este blog para despedirme de mi familia (que es grande), de mis amigos (que son muchos), de mis compañeros (que son más), pero aún no lo pienso hacer. Creo que mi padre, aterrado por mi enfermedad, cedió su larga vida a cambio de la mía en medio de silenciosas oraciones.
A veces, estando solos, mientras le daba su cena, le decía: "papi, no te preocupes por mí, si nos vamos, nos vamos juntos". Me miraba y se reía, "¿Juntos? Tu eres muy joven hijita"...
Y creo que sucumbió y que perdió su miedo a la muerte ante la posibilidad de tener que sobrevivir a la mía. Así es que le debo el esfuerzo.
Ahora me encuentro bien, los médicos se han convertido en una 'comodity' en mi vida. Voy al hospital, me suelen dar buenas noticias y yo sigo y sigo y sigo, consciente de que ahora vivo protegida desde el cielo.
El mundial del 2010 lo vi a los pies de la cama de mi padre, sin dejarle descansar un minuto. Gritaba, cantaba y vivía por los dos lo que yo sabía que para él era una emoción inmensa.
Ahora pongo la bandera de España no sobre su cama sino en mi balcón, con la esperanza de que ganemos la segunda Eurocopa y, cuando lo hago, de fondo escucho el eco de mi alma cantando: "yo soy español, español, español".

lunes, 23 de enero de 2012

Muy sola

A veces le decía a mi padre que todo el mundo cree que el suyo es el mejor, pero que yo estaba segura de ello. Fue el pilar de mi vida y mientras que pudo hablar, a veces ya a duras penas, lo chinchaba para que me dijera quién era y si me quería.Nunca dejó de decírmelo, de darme las gracias tras la cena o cuando lo ayudaba a moverse. Si yo hubiera podido agradecer todo lo que él hizo por mí, me dio y me aportó...
En fin, ahora tengo quien me espere.

ESTE ES EL TEXTO QUE ESCRIBÍ PARA QUE MI HIJA FATIMA LO LEYERA EN SU FUNERAL y que muchos me habéis pedido.

Decía Camilo José de Cela que mi abuelo era el único hombre de ciencia que conocía, que sabía bailar el ‘swing’. Y tal vez es una de las frases que mejor pueden definirlo, porque su vida transcurrió entre su dedicación al trabajo y su maravilloso concepto de disfrutar de la vida.

Odontólogo, periodista, profesor, científico… pero por encima de todo, marido, padre, abuelo, bisabuelo e incondicional amigo. Dicen, quienes sobre él escribieron,

domingo, 1 de mayo de 2011

Antes de que ellos aparecieran, ya conocía cuatro de los cinco continentes

A veces me pregunto en qué momento de la historia los periodistas olvidamos nuestro código deontológico, la obligación ética y estética de informar o perdemos el control sobre nuestras publicaciones.
Hoy en día es difícil levantarte una mañana y ducharte con el subidón de adrenalina que te da cuando tienes una buena noticia, una primicia, una exclusiva o, sencillamente, tienes ganas de trabajar y escribir, con la mayor maestría posible, algo diferente.
Lejos quedaron los hallados textos inéditos de Unamuno, las entrevistas a grandes entre los grandes, las amenazas de los políticos por publicar sus tendencias prevaricadoras y su amor por los cohechos o la certeza de que el móvil más 'cool' del momento lleva un log encriptado que lo transforma en el mejor y más peligroso de los espias.
A veces, es la vida quien te quita las ganas; otras, el miedo de tus jefes o socios a un posible conflicto; algunas, las obligaciones que conlleva la publicidad; las menos, la pobreza de espíritu de la gente que te encuentras por el camino.

lunes, 20 de septiembre de 2010

El Marqués de Moret, entre la historia y el cariño

Aunque mucha gente no lo sabe, durante el reinado de Alfonso XIII, Segismundo Moret y Prendergast fue hasta en tres ocasiones presidente del Consejo de Ministros (lo que hoy llamamos presidente del gobierno). También fue catedrático, embajador de España en Londres, presidente del Congreso de los Diputados y ministro de un sin fin de cosas (Hacienda, Gobernación, Ultramar...) antes y durante la restauración de la monarquía borbónica (sus primeros altos cargos los desempeñó con Amadeo de Saboya).
Moret vivió y fue protagonista de una de las épocas más convulsas de la historia de España; tanto que tuvo que dimitir como Presidente tras el atentado de Mateo Morral contra Alfonso XIII, el día de su boda con Victoria Eugenia de Battenberg, ya que asumió la responsabilidad de la tragedia como máximo responsable del Gobierno (eso hoy, por supuesto, no se entiende).
Krausista y masón, fue uno de los fundadores del partido Liberal de Sagasta, de la Institución de Libre Enseñanza (Colegio Estudio), abolió la esclavitud en Puerto Rico, concedió autonomía a las colonias y se vio obligado, tras un vil chantaje de los americanos, materializado con el hundimiento del 'Maine', a firmar la capitulación de Cuba.
Cuenta Pérez Galdos en los 'Episodios Nacionales' que

domingo, 5 de septiembre de 2010

En nombre de la libertad. La niña que rompió el muro

Me hubiera gustado escribir esto en Berlín, ayer y antesdeayer dormí alli, pero no tuve tiempo. Bueno, tal vez no quise tenerlo.

Siempre me pregunté que sentiría el día que estuviese ante el muro, aunque nunca pensé que lo vería sobre los cimientos de la central de la Gestapo. Me sobrecogí, me envolví en muchos recuerdos que, poco a poco, iré contando, soñe que ella vino al mundo rompiendo las barreras, como emblema de la libertad; cuando menos, de la suya propia.

El día 1 de noviembre, aprovechando el puente de Todos los Santos, había cogido la baja; ya que el entonces director de Televisión Española, Alfonso Cortés Cabanillas, me había llamado preguntándome como me encontraba y me había dicho en tono paterno-recriminatorio:
- Pilar, estás fuera de cuentas, deberías coger la baja. No vayas a creer que esta casa  es como Iberia y que si la niña nace en el Pirulí la vamos a hacer fija...

Hasta 15 días antes, en que el ginecólogo me había dicho basta, había estado recorriendo el mundo con mis jefes sin temor ninguno.

viernes, 27 de agosto de 2010

La legitimidad de Letizia y el bofetón de Emmanuella Dampierre

Recibí una llamada de una amiga periodista un puente en el que me acerqué a Alicante para ver a mi familia (de mi FAMILIA alicantina habrá mucho que decir y todo bueno); me contaba, en primicia, que el principe Felipe iba a anunciar su compromiso con una compañera de TVE y quería saber si yo había coincidido con ella trabajando. Pero no, eran muchos los amigos en común aunque yo salí de TVE antes de que ella llegara. Sin embargo, no pude ocultar mi sorpresa y, tal vez, mi indignación.
Según daban la noticia, a mi memoria acudían los recuerdos de toda una vida, la lucha de mi padre (y la de tantos otros), el sentido de una Institución, las expectativas de Don Juan con respecto a su nieto, el significado de matrimonio morganático...

Y es que, a lo largo de toda una vida, todos y cada uno de los Bernat, allegados y amigos escuchamos a mi padre, una y otra vez, su detallada explicación sobre lo que es un matrimonio morganático y por qué los aspirantes al trono de España no podían contraer matrimonio con 'cualquiera'. Y otras tantas veces le oímos contar como Emmanuella Dampierre, la madre del Duque de Cadiz y de Gonzalo de Borbón, esposa de Don Jaime, por ello le había dado una bofetada en un café de la Vía Veneto (Roma).

lunes, 23 de agosto de 2010

El milagro de Pio XII

No sé exactamente el año en que ocurrió, pero sé que mi padre recorría Europa dando conferencias tras descubrir el tratamiento de la piorrea alveolar. La prensa de la época aseguraba que el Papa, entonces Pío XII, lo había llamado para que lo atendiera, pero realmente no fue así. Éllos estaban en Italia, tenían audiencia privada y aprovechando su presencia en Ciudad del Vaticano, los odontólogos del Papa le realizaron una consulta sobre algún tratamiento que en aquel momento tenía el Santo Padre.

Pero, en cambio, sí ocurrió algo impresionante y asombroso que ha quedado escrito en los anales. Mi hermana (la misma de la que he hablado hasta ahora), que sólo tendría tres o cuatro años y que estaba al cuidado de mis tíos en España, enfermó de gravedad. Tanto, que al dejar de comer y no haber recibido alimento durante varios días, mis tíos decidieron llamar a mis padres para explicarles la situación y apremiarles en su regreso.
Cumpliendo con la agenda prevista y a la espera de acontecimientos, ellos acudieron a su cita con el Papa. Durante su conversación le contaron la angustia que estaban viviendo y, entonces, Pio XII, se recogió y rezó por la niña.

Al regreso al hotel,

domingo, 22 de agosto de 2010

La pasión por el esquí

Supongo que para quien ha vivido siempre en lo que geográficamente se denomina 'Zonas Templadas' es muy difícil entender lo que fue para mí ver por primera vez nevar. Estaba enferma, supongo que con una hepatitis que, según las costumbres de entonces, me retuvo en cama varios meses. Vivíamos ya en Madrid en la calle Rafael Salgado y desde la ventana de mi cuarto, además del jardín anterior del edificio sólo veía el Santiago Bernabeu (aún sin reformar). Aquello me pareció el espectáculo más increíble del mundo. La nevada era copiosa y las anchísimas aceras tanto de la calle como del estadio fueron paulatinamente quedándose blancas.
Llegado un momento, a mi madre le debió de dar pena verme mirar durante horas por la ventana, sintiendo copos intangibles caer sobre mí o los indoloros golpes de las bolas que se tiraban mis amigos y, tras ponerme infinitas capas de ropa, me permitió bajar a jugar.
Días más tarde, la noche del 5 de enero de 1971, con la excitación de la llegada de los Reyes, me levanté a media noche sin avisar. En el salón estaban mis padres, mi hermana Ketty, mi cuñado... poniendo los regalos junto a los zapatos; sin embargo, no me dolió evidenciar algo que ya suponía (mis amigas mayores me lo habían dicho mil veces) porque allí, entre decenas y decenas de cosas -entre otras un libro de Puck-, estaba mi primer equipo de esquí.
Callada y sin hacer ruido, volví a la cama a la espera de que llegara la mañana.

El esquí, desde entonces,

sábado, 21 de agosto de 2010

Lejos de los secuestradores

En 1992 publiqué un reportaje atroz sobre los colombianos secuestrados y el síndrome de infelicidad que viven sus familias (recuerdo que recogía una frase de una víctima que decía que no se permitía el lujo de reírse porque si lo hacía parecía que estaba burlando el horror que su familiar vivía en algún lugar del monte o de la selva); eso fue antes de que mi admiradísimo García Márquez contara magistralmente la historia de un secuestro nunca sentido en carne propia, que la liberación de Ingrid Betancourt abriera al mundo los ojos o que Pastrana y Uribe consiguieran que los telediarios de todo el planeta hablaran sobre el tema. El por qué de aquel reportaje, lo contaré en otro momento.
Los años 60 en Colombia, si no eran dulces, no parece que fueran tan terribles como las décadas que se han vivido a posteriori con las FARC, el ELN, el narcotráfico, el narcoterrorismo, etc. en plena ebullición; pero ya existía la extorsión y el secuestro.
Después de que estallara aquel artefacto, las llamadas amenazazantes continuaron.

jueves, 19 de agosto de 2010

Una bomba en casa

No recuerdo la disposición de aquella casa en Bogotá porque no sé si había nacido -mis recuerdos de aquellos años se confunden entre la memoria y los relatos-; pero lo que sí sé es que mi padre tenía la consulta dentro de la misma vivienda (la tuvo casi siempre mientras residimos en Colombia).
Una tarde, por algún motivo que desconozco -no era algo prohibido pero tampoco usual o permitido-, mi hermana la mayor, mi hermanísima, había entrado en la consulta a alguna hora en que mi padre ya no estaba trabajando. Al salir, cerró la puerta sin reparar en una bolsa que alguien había dejado en la sala de espera. Solo habían transcurrido unos minutos cuando... ¡Boom! El artefacto estalló.
La bomba no causó muertos ni heridos, pero impactó psicológicamente en todos los miembros de la familia. Terrorismo se llama ahora, entonces no sé si estaba tan periodística y políticamente tratado, aunque lo que está claro es que sólo pretendían hacernos daño sin un por qué, sin lógica alguna, sin razón, aunque... ¿la tiene alguna vez? En los viejos tiempos, en Bogotá la gente aparecía muerta con la garganta rajada y la lengua que había sido extraída  por el susodicho hueco, colgando a modo de corbata.
Cuando bautizaron a mi hermana, la protagonista de este episodio y de muchos otros en mi vida,

miércoles, 18 de agosto de 2010

A los pies del Rey, Don Juan III

Regresamos a España en cuanto se dictó la Ley de Sucesión. Mi padre creía que había llegado la hora de la Monarquía, la causa a la que había dedicado su vida y por la que somos una familia dividida y separada.
Los leales debían regresar (ya podían) y demostrar a Don Juan, 'el Rey', que estaban a su lado.
El invierno en Madrid era duro para una niña criada en el trópico, recuerdo mi sensación de frío cuando se abrió la puerta del avión.No sé si nevaba pero, si no lo hacía, lo parecía. Era un cuatro de diciembre.
Que todo cambió para mí, es una evidencia. El día anterior había dicho adiós a mis hermanas mayores en una despedida que fue para siempre (nunca más hemos vuelto a vivir todos juntos) y llegaba a una ciudad en la que durante un tiempo todo fue hostil. Vivíamos en un hotel en La Gran Vía y mi padre compró el Mercedes blanco en el viajamos hasta Portugal.
Don Juan lo recibió en audiencia y al salir sólo dijo a mi madre antes de romper a llorar: "el señor ha dicho que debemos trasladar las lealtades a su hijo".

La muerte de Pilar Arias Lamproy

No recuerdo bien cuando empezó a cambiar. Tal vez aquellas vacaciones en Marbella, tal vez un montón de novios inadecuados, el poderío de parar el tráfico de Madríd, exceso de dinero, unos padres con vida propia... no sé.
El 11 de octubre de 1986 su madre entró en el baño y la encontró tirada detrás de la puerta, el intento de reanimación fue inútil, la droga había sido superior a ella. Llevaba tiempo curándose. Lela y Alfonso permanecían vigilantes y la cuidaban como a la princesa delicada que era. Una noche, creyéndola dormida, su madre, la impresionante Heleny Lamproy (Lela) cayó rendida por el sueño. Teníamos 24 años. La última vez que la vi con vida fue el día de mi boda; recuerdo que no se separó de mí ni un momento. Me acompañó a llevar flores a la Virgen del colegio y rezó a mi lado. Juntas escuchamos el canto que para mí entonaban las monjas, juntas y de rodillas ante el altar en el que cuatro meses después yo  leería la epístola de su funeral.
Pilar Arias Lamproy fue una de mis dos mejores amigas. Su belleza era exótica, su capacidad inagotable. Mi familia y mi vida más clásicas, la suya imparable. Se enamoró de José Cristobal Martínez Bordiú con poco más de 20 años y la prensa, los modistos, sus nuevos amigos (famosos de entonces y de ahora), la convirtieron en protagonista del cuché. Ella se sintió una nietísima.
Un par de años más tarde, las hermanas García Obregón, la acusaban de que su nuevo amor, su hermano Javier, llevaba una mala vida por su culpa. Yo no creo que fuera así, pero cuando uno está muerto y el otro rehízo oportunamente su vida, de qué sirve plantearnos quién arrastraba a quién. La única verdad: se querían.